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La gestión estratégica de flotas médicas: del mantenimiento a la eficiencia operativa

Según un análisis publicado por GE HealthCare, la gestión de flotas de dispositivos médicos ha dejado de ser una tarea de mantenimiento para convertirse en una disciplina operativa que conecta…

La gestión estratégica de flotas médicas: del mantenimiento a la eficiencia operativa

Del taller al cuadro de mando

Según un análisis publicado por GE HealthCare, la gestión de flotas de dispositivos médicos ha dejado de ser una tarea de mantenimiento para convertirse en una disciplina operativa que conecta rendimiento tecnológico, flujos clínicos y eficiencia hospitalaria. Para el médico que trabaja a pie de cama, la pregunta incómoda es directa: ¿cuántos equipos fallan sin aviso en mitad de una consulta?

El artículo, firmado por Maheshika Peiris y Monica Bush, describe un cambio de modelo. Hasta ahora, la gestión de flotas se medía por tiempo de actividad tras una avería. Ahora se mide por capacidad de anticipar fallos, integrar software y mantener la ciberseguridad en entornos cada vez más conectados. Los hospitales manejan inventarios distribuidos entre múltiples servicios, proveedores y plataformas que ya no operan como sistemas aislados.

El coste oculto del modelo reactivo

Heidi Dondlinger, en un panel de AAMI Exchange 2026, lo expuso sin rodeos: "Antes se trataba de mantener equipos o reaccionar cuando algo fallaba. Ahora vemos que los entornos son mucho más grandes y están más conectados". El comentario señala el problema real: los servicios de tecnología médica asumen inventarios crecientes, requisitos de software, amenazas cibernéticas y restricciones presupuestarias, mientras los clínicos exigen disponibilidad inmediata.

El modelo reactivo implica costes difíciles de cuantificar en cifras globales: pruebas diagnósticas aplazadas, procedimientos reprogramados y, sobre todo, personal que improvisa cuando cae un equipo crítico. La gestión proactiva, según el análisis, permite detectar anomalías antes de que alteren la asistencia, en lugar de intervenir cuando el daño ya está hecho.

Qué auditar en el propio centro

La lectura práctica para un jefe de servicio es directa. Primero, contrastar el inventario real con el declarado: muchos centros desconocen la ubicación exacta y el estado operativo de sus dispositivos conectados. Segundo, revisar los contratos de servicio: los acuerdos tradicionales penalizan el tiempo de inactividad, pero rara vez premian la prevención ni obligan a mantener actualizado el software del fabricante. Tercero, tratar cada dispositivo conectado como una vulnerabilidad potencial: el inventario de flotas debe incluir el estado de los parches y las alertas de ciberseguridad activas.

No se trata de comprar más tecnología, sino de gestionar la que ya está instalada con la misma exigencia con la que se revisa una historia clínica. La gestión de flotas deja de ser un tema de ingenieros cuando un equipo crítico falla un lunes a las nueve. Entonces se convierte en un asunto clínico, con todo lo que eso implica para el paciente que espera.